Medio Social — No se rindan en obtener la ciudadania

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Medio Social — No se rindan en obtener la ciudadania

Sandra Galindo

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Pintan la ciudadanía como una oportunidad que te cambia la vida, pero para muchos inmigrantes de la clase trabajadora es una meta inalcanzable. Eso es lo que he percibido caminando las calles por tres años como encuestadora.

Al visitar sus casas y preguntarles si hay alguien que pueda votar en ese hogar, las razones que me han dado para no hacerse ciudadanos varían.

Algunos responden que no aspiran a hacerlo porque consideran que no hay diferencia entre ser ciudadanos estadounidenses y ser residentes permanentes legales, mientras puedan trabajar legalmente y pagar sus impuestos.

Otros con más seguridad económica sólo esperan el tiempo de espera obligatorio de cinco años para solicitar este cambio de estatus. Ellos aseguran que siendo ciudadanos es la única forma en que sus derechos cívicos van a ser respetados; también es importante para ellos poder votar y que sus voces se escuchen.

Muchos otros residentes temporales ven como impedimento tener un examen de 10 preguntas sobre la historia y el gobierno de los Estados Unidos de una lista de 100 en un lenguaje que no es el de ellos. Están resignados a esperar a cumplir cierta edad y no tener que tomar la prueba de inglés. (No tienen que tomar la prueba de inglés si tienen por lo menos 50 años de edad y han vivido como un inmigrante legal permanente por 20 años, o tienen por lo menos 55 años de edad y tienen 15 años como residente permanente legal.)

Pero la mayoría de ellos me contesta con impotencia que no se hacen ciudadanos aun por falta de acceso, al no contar con los medios económicos necesarios para hacerlo.

Independientemente de que son los candidatos ideales para lograrlo, pues algunos llevan ya décadas teniendo el mismo estatus migratorio, el costo de $680, reduce la posibilidad de hacerlo.

Muchos aseguran que se encuentran constantemente en la disyuntiva de elegir entre pagar la renta o pagar la cuota para la ciudadanía; una elección difícil, especialmente si sobreviven en trabajos mal pagados o peor aún, si están desempleados.

Algunos saben de la importancia de convertirse en ciudadanos debido a los constantes cambios en las políticas migratorias que pueden afectarlos al ser solo residentes legales — por ejemplo, ser deportados tras ser arrestado por manejar bajo la influencia de alcohol — reconocen que cambiar su estatus migratorio por ahora tiene que esperar.

En una encuesta dada a conocer en junio 27 del 2013 por el Pew Research Center se indicó que la mayoría de los migrantes hispanos que son elegibles para ser ciudadanos aún no lo han hecho. Sólo un 46 por ciento de migrantes hispanos elegibles para naturalizarse lo hace.

El estudio también indicó que la tasa de naturalización es particularmente baja entre el grupo más grande de migrantes hispanos, los mexicanos, de entre los cuales sólo el 36 por ciento se ha naturalizado.

Hubo un tiempo que yo también fui parte de estas estadísticas.

Con más de 26 años de residente permanente legal en este país, el factor económico siempre fue un impedimento para hacerme ciudadana. Un día conocí al director de programas del Employee Rights Center (Centro de los Derechos de los Trabajadores), Alor Calderón, quien me habló de un taller de inmigración que se daría en nuestra escuela, San Diego City College. También me informó de algo sumamente importante para mi: Podía solicitar no tener que pagar la cuota para hacerme ciudadana.

Inmediatamente me contacté con la abogada de inmigración del centro, Fabiola Navarro, quien empezó a trabajar en ese centro en junio del 2012.

Navarro me confirmó que al recibir estampillas de comida, ayuda económica o ser como en mi caso, jefe de hogar con bajos recursos, no tendría que pagar la cuota de $680.

Mi primera cita con la licenciada fue en agosto del 2012, cuando preparamos mi solicitud para la ciudadanía y para la exención de cuota (llamado “fee waiver” in inglés). Pagué $200 en total al centro por ayudarme a solicitar la ciudadanía.

Para finales de septiembre ya había recibido mi cita para sacar mis huellas digitales. Hice mi examen de solamente cuatro preguntas en octubre, después del cual lloré de emoción al escuchar que lo había pasado.

A principios de diciembre del mismo año, ya era yo ciudadana de Estados Unidos, junto con más de 100 personas de diferentes nacionalidades, sobresaliendo por un gran margen los mexicanos.

Ahora, tengo muchas más opciones cuando busco trabajo. Y cuando haya elecciones en mi comunidad podré emitir mi voto, algo que recomiendo en cada casa que visito en mis recorridos por las calles.

Información bilingüe de cómo hacerse ciudadano se encuentra en el sitio yaeshora.info, además de una lista de talleres y foros locales donde organizaciones comunitarias ayudan a inmigrantes a naturalizarse de forma gratuita.

 

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